Evaluaciones

La situación, vista desde un alumno, podría resumirse así:
“¿Por qué estoy obligado a venir en el momento que me dicen, a pensar en lo que me dicen, a no mirar lo que otros escribieron y publicaron al respecto, a no poder discutirlo con mis compañeros, a tener que hacerlo en un tiempo fijo, a no poder ir al baño si necesito hacerlo, a no poder comer si tengo hambre o beber si tengo sed, y encima puede que me sorprendan con preguntas sin darme tiempo para prepararlas?”
Puesto todo junto, ¿no luce patético? Es probable que varios alumnos no logren nunca resolver los problemas del examen que tienen delante, pero no porque desconozcan la solución, sino porque no lleguen nunca a superar todas las vallas que vienen antes.

Adrián Paenza – Matemática…¿estás ahí? – Colección ciencia que ladra

Este es un fragmento de uno de los 5 (hasta el momento) libros escritos por Adrián Paenza titulado “Matemática…¿estás ahí?” de la colección “Ciencia que ladra” liderada por Diego Golombek. En estos, Adrían nos muestra que la matemática no es solo sumar, restar, dividir, multiplicar, sacar raices y logaritmos, si no que nos sirve para resolver problemas que nos podemos encontrar en la vida diaria (algún día voy a subir algunos). Pero también nos muestra que la matemática no solo enseña a resolver problemas de pensamiento lateral, ademas nos permite ver las cosas desde otro ángulo, por ejemplo en el caso que hoy me mueve a escribir, que es el de las evaluaciones.

Todos hemos pasado por esa instancia, y estamos acostumbrados a hacerlo. Cuando estamos en la escuela, mínimo una vez por trimestre, los profesores nos ponían entre la espada y la pared durante una hora para ver si habíamos estudiado, pero en caso de que nos fuera mal, siempre se podía subir la nota con algún trabajo práctico,  haciendo bien las tareas (o por lo menos hacerlas), o pasando al pizarrón. Ya en la facultad esto cambia un poco, pero muchas veces, para peor, porque acá no sirve lo que te esfuerces, solo cuánto hiciste bien del parcial (en la mayoría de las materias, hay algunas que son diferentes).

El problema radica en lo que dice Paenza en lo que cité más arriba, el alumno se siente presionado cada vez que es evaluado, y si el tema no le causo suficiente interés durante la etapa de aprendizaje, en la etapa final, la de evaluación no va a saber (ni querer) hacer mucho. Es claro que la solución a este problema no es la no evaluación, es necesario confirmar que el alumno se haya quedado con los conocimientos básicos que le van a servir en el futuro. El tema es cómo, y, como no hay una sola respuesta a esta pregunta, es acá donde entra en juego la capacidad de imaginación, esa imaginación que ejercitamos cuando resolvemos los problemas que nos plantea Adrián en sus libros y sus programas de televisión (Alterados por pi, científicos industria argentina).

Estaría bueno que este debate se lleve a todos lados, que se empiece a hablar de lo poco que sirve la forma actual de evaluación, pero el problema está en la cultura. Este cuatrimestre en la facultad tuve la suerte de hacer el laboratorio de Fisica I en una cátedra en la que las guías son puramente orientadoras. Leyendolas, sabés qué es lo que tenés que hacer, pero a partir de eso, es el alumno el encargado de pensar los experimentos, siempre bajo la supervisión de los profesores y ayudantes, que al terminar el curso serán los encargados de poner nota. Esto genera que los alumnos estemos más relajados, que no sintamos la presión de hacer todos lo mismo, la mismo tiempo, de comparar resultados. De esta forma se ejercita el análisis de los datos y no la obtención de un resultado unánime, esa es la idea. De todos modos, mucha gente no se siente bien con esta forma de ver las cosas, no se sienten bien sin saber exactamente qué es lo que hay que hacer, necesitan constantemente una guía, y ese es el resultado de haber estado desde la primaria en este sistema.

Paenza cuenta en su libro (el mismo texto del que está extraída la cita de más arriba) que en una competencia de matemática que lleva el nombre de su padre, la posibilidad de que los participantes se presenten en pareja y tiene mucho sentido, ¿o en la vida afrontamos los problemas solos?. Si es tan importante el trabajo grupal, y durante toda la educación nos hacen hacer trabajos prácticos grupales para ejercitarnos en lo que va a ser nuestro futuro, ¿por qué a la hora de evaluar no nos permiten tener una segunda opinión sobre lo que pensamos?. Recuerdo muy pocas pruebas en la secundaria haber tenido la posibilidad de hacerla en pareja, precisamente realizada con una profesora de matemática que leía Paenza.

El mismo ejemplo del trabajo grupal se aplica para los exámenes que obligan recordar cosas como fórmulas o reacciones enteras. Es verdad que es bueno que sepamos deducir qué va a pasar al mezclar dos compuestos, o deducir de donde viene una fórmula está buensimo, pero pedir que memoricemos esas cosas, no tiene sentido, por le solo hecho de que si en un futuro necesitamos eso, no lo vamos a recordar, si no que vamos a recurrir, en el peor de los casos, a la wikipedia, en el mejor, a un libro.

Y si cuenta tanto cambiar la forma de evaluar, por lo menos podríamos intentar cambiar la forma de corrección. Actualmente, lo más importante es el resultado, no lo que hicimos en el medio. No importa si lo escrito en el papel demuestra que pensaste el problema, si el resultado está bien, tenes un 10, si está mal, un 1 (muchas veces la mitad del valor del ejercicio está dado por el desarrollo y la otra mitad por el resultado, o sea que pensar el ejercicio vale lo mismo que apretar bien los números en la calculadora). Muchas veces pasa que un alumno recuerda un problema parecido al del parcial, y solo trata de repetir exactamente lo que había echo anteriormente (lo he echo), lo que probablemente se olvide en poco tiempo. Si en cambio el alumno nunca vio un problema similar, o no recuerda alguno parecido, todo lo que haga va a ser producto de su imaginación, y por más que esté mal, y definitivamente no merezca el 10, para mi, eso tiene más merito que recordar.

¿Y ustedes qué opinan? ¿Les gusta el sistema actual? ¿qué cambiarían? ¿qué dejarían? ¿se les ocurre algo diferente?

“Es una declaración de guerra”

Se podría decir que este post inaugura una pseudosección en la que no se si algún día volveré a escribir. La llamaría “oído loco”, pero como ese nombre lo usa Peto Menahem para una de sus secciones en el programa de radio “Metro y Medio” conducido por Sebastián Wanraich y Julieta Pink (recomendado), aclaro que ese nombre no es de mi creación.

Sin mas preámbulos empiezo; Hoy tuve que ir a la clínica de mi obra social (nada grave, solo rutina) y como llegué unos minutos tarde tuve que esperar para ser atendido. En mi interminable espera (me tendría que haber llevado un libro) tuve que escuchar una conversación que se dio en la sala de espera entre 4 mujeres. Fue una de esas conversaciones que empiezan tranquilas, hablando de algo casi sin importancia y que termina con una historia que indigna a todos los interlocutores, logrando un gran revuelo y la inclusión de más interlocutores que andaban dando vueltas por ahí y tenían algo que decir, casi a los gritos.

Como yo estaba medianamente alejado de las señoras, la conversación (no se puede decir discusión ya que todas opinaban igual) la agarré un ratito después de su arranque. Una de las señoras, la mayor, se mostraba molesta por lo poco que la gente quería al país, que siempre hablábamos de lo que pasa en Estados Unidos, Europa, Brasil, y se lo contaba a la mujer que se había sentado a su lado. Una conversación bastante normal donde la receptora de los mensajes solo asentía con la cabeza. De repente, observo que una señora que estaba sentada en frente se une a la conversación con una historia que fue lo que me motivo a hacer este post, decía mas o menos así:

Es terrible el poco nacionalismo de este país. Para el 25 de Mayo, yo vivo en Belgrano, y la gente no colgaba banderas, solo vi 4 banderas argentinas, y una de ellas estaba cruzada con una banda roja, casi hago la denuncia. Eso es una vergüenza, ¿qué significa?, es una declaración de guerra, el rojo es sangre, esas cosas no se pueden permitir

Esto me causó mucha gracia, y para los que no entiendan por qué me causó gracia, les presento la bandera de nuestra querida provincia de Entre Ríos (de la cual tengo varios amigos):

Y para los que todavía piensen que ahora los golpistas, imperialistas, pro-yanquis o vende patria son los entrerrianos y no una persona del barrio Belgrano, les comento que la banda roja que nos cruza el alma (?) se adoptó cuando el rojo era la insignia de los federales, que luchaban contra los unitarios para que el reparto del poder y la plata del sea equitativa entre todas las provincias, algo que por suerte hoy en día es un hecho, algo que por desgracia sigue siendo así.

Luego de este yerro importante, la señora (el cual no fue corregido por ninguna de las otras personas que estaban en la charla, que en ese momento estaban ascendiendo a 5, ya que un señor, indignadiiisimo, se sumó diciendo “no puede ser”) empezó a utilizar el argumento del uso de los extranjerismos como clara seña del odio a la patria. Expresando que cuando ella habla con alguien por internet (¿la palabra internet no es un extranjerismo?) si no habla “en ingles” no la entiendes, “porque ahora si querés ir a tomar una coca o un café no tenés que decir eso, tenes que decir si ‘te va un drink’ “ (?). Es la primera vez que escucho esa frase, si viene la señora y me dice eso, primero voy a estar 5 segundos pensando qué me quiso decir y después no creo que acepte, pero eso es mas personal :P.

Luego del asentimiento de las otras mujeres (el señor ya había entrado al consultorio del doctor) y 5 segundos sin mediar palabras, pasaron, por suerte, a mostrar y hablar de sus juanetes para ver cuál lo tenía más grande y doloroso. Por suerte en ese momento salió la doctora que me tenía que atender y no tuve que soportar de esa tortura 😀

Además de ser una historia graciosa, alguno tal vez se esté preguntando por que lo postié acá. Bueno, me parece que las señoras en algún punto tenían razón, muchas veces vivimos hablando de que en europa tal cosa o en estados unidos tal otra, en vez de preocuparnos por mejorar lo que tenemos a nuestra manera. Pero, como en este caso, las discusiones suelen llegar a un punto donde todo argumento es utilizable, incluso aquellos sin sentido, sin saber de lo que se está hablando. Ninguna de las señoras se preocupó por saber qué significaba la bandera con la franja roja, en ningún momento la señora fue y le preguntó a su vecino por qué ponía una bandera tan agraviante. Es más cómodo criticar que meterse a tratar de solucionar el problema, o ver si el problema no es uno mismo. Antes de criticar o defender cosas, investiguemos, leamos, seamos grandes.

Published in: on 3 junio, 2010 at 11:56  Comments (2)