Matrimonio entre católicos

Ya les dí mi opinión sobre el matrimonio igualitario en post anteriores (Como en el ’86 (pero mejor) y Casamiento homosexual y adopción) pero me gustaría darle un final al tema con un texto que me encontré en facebook y que le pertenece a Psicobytes. La verdad es que me encantó y quise compartirlo con ustedes. El texto está escrito (según el autor), “en línea con la actual relevancia social en torno a la modificación de la legislación española sobre los matrimonios, la postura de los católicos en ella, voy a exponer mi posición aquí, que para eso es mi blog:”

Estoy completamente a favor del permitir el matrimonio entre católicos.

Me parece una injusticia y un error tratar de impedirselo.

El catolicismo no es una enfermedad. Los católicos, pese a que a muchos no les gusten o les parezcan extraños, son personas normales y deben poseer los mismos derechos que los demás, como si fueran, por ejemplo, informáticos u homosexuales.

Soy consciente de que muchos comportamientos y rasgos de caracter de las personas católicas, como su actitud casi enfermiza hacia el sexo, pueden parecernos extraños a los demás. Sé que incluso, a veces, podrían esgrimirse argumentos de salubridad pública, como su peligroso y deliberado rechazo a los preservativos. Sé también que muchas de sus costumbres, como la exhibición pública de imágenes de torturados, pueden incomodar a algunos.

Pero esto, además de ser más una imagen mediática que una realidad, no es razón para impedirles el ejercicio del matrimonio.

Algunos podrían argumentar que un matrimonio entre católicos no es un matrimonio real, porque para ellos es un ritual y un precepto religioso ante su dios, en lugar de una unión entre dos personas. También, dado que los hijos fuera del matrimonio están gravemente condenados por la iglesia, algunos podrían considerar que permitir que los católicos se casen incrementará el número de matrimonios por “el qué dirán” o por la simple búsqueda de sexo (prohibido por su religión fuera del matrimonio), incrementando con ello la violencia en el hogar y las familias desestrucuturadas. Pero hay que recordar que esto no es algo que ocurra sólo en las familas católicas y que, dado que no podemos meternos en la cabeza de los demás, no debemos juzgar sus motivaciones.

Por otro lado, el decir que eso no es matrimonio y que debería ser llamado de otra forma, no es más que una forma un tanto ruín de desviar el debate a cuestiones semánticas que no vienen al caso: Aunque sea entre católicos, un matrimonio es un matrimonio, y una familia es una familia.

Y con esta alusión a la familia paso a otro tema candente del que mi opinión, espero, no resulte demasiado radical: También estoy a favor de permitir que los católicos adopten hijos.

Algunos se escandalizarán ante una afirmación de este tipo. Es probable que alguno responda con exclamaciones del tipo de “¿Católicos adoptando hijos? ¡Esos niños podrían hacerse católicos!”.

Veo ese tipo de críticas y respondo: Si bién es cierto que los hijos de católicos tienen mucha mayor problabilidad de convertirse a su vez en católicos (al contrario que, por ejemplo, ocurre en la informática o la homosexualidad), ya he argumentado antes que los católicos son personas como los demás.

Pese a las opiniones de algunos y a los indicios, no hay pruebas evidentes de que unos padres católicos estén peor preparados para educar a un hijo, ni de que el ambiente religiosamente sesgado de un hogar católico sea una influencia negativa para el niño. Además, los tribunales de adopción juzgan cada caso individualmente, y es precisamente su labor determinar la idoneidad de los padres.

En definitiva, y pese a las opiniones de algunos sectores, creo que debería permitirseles también a los católicos tanto el matrimonio como la adopción.

Exactamente igual que a los informáticos y a los homosexuales.

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Published in: on 20 julio, 2010 at 12:58  Dejar un comentario  
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Como en el ’86 (pero mejor)

Poco más de un mes sin postear. Primero el mundial, cuando quedamos afuera, empezó la época de parciales y cuando pensé que ya estaba listo para volver, me metieron una fecha de final, lo que atrasó una semana más la actualización del blog. Desde el 11 de junio (inicio del mundial) que quiero postear algo sobre el falso patriotismo que genera el fútbol.

Cuando juega Argentina, todos nos emocionamos con el himno, viendo a los jugadores abrazados llorando cual guerrero que va a defender a su país frente al invasor, pero en una cancha de fútbol contra otros 11 profesionales en un deporte que no es más que eso, un deporte. No es que no me guste el fútbol, ni el folklore que lo rodea, soy un gran amante de este hermoso deporte, lo practico, lo miro, voy a la cancha (no todos los domingo, pero a veces) soy parte de la cultura, pero entiendo que cuando el arbitro pita luego de los 90 minutos (o 120 si se va a alargue) el deporte terminó y lo que queda es la alegría del triunfo para algunos y la tristeza de la derrota para los demás, una alegría/tristeza que no tiene por qué influir sobre la vida de las personas.

A pesar de la gente que estuvo mal durante una semana por la eliminación de nuestros 23 gladiadores (y un D10S), algo que viví por primera vez y me gustaría que se repita en otros ámbitos de la vida como sociedad es la hermandad latinoamericana. Ver festejar los goles uruguayos, paraguayos y chilenos fue algo nuevo para mi (los brasileros no vi que lo gritara gente no brasilera, es que a la hora de hablar de fútbol, hay pocos argentinos que hinchan por Brasil). Estaría bueno preguntarnos por qué a la hora del fútbol somos todos latinos, pero cuando hablamos de política, cultura (“es cultural” diría la publicidad de ‘tikespor’ ), etc, todos queremos ser europeos.

De todos modos, a pesar de que ya hablé del mundial, el título dice “como en el ’86” y en el ’86 salimos campeones, ¿qué tiene que ver esto con este post? El otro día, luego de la aprobación del matrimonio igualitario leo en facebook:

Estuve todo el día con la sensación de cuando gana Argentina…!
Bah, ganó Argentina, no??

Ganó Argentina, pero ahora no es solo un trofeo que tenemos que devolver en 4 años. Este triunfo no va a quedar solo en una estrella más sobre el escudo de una asociación de fútbol dirigida por un mafioso. Este triunfo es un verdadero triunfo. Estas son las cosas que hay que festejar. Es la primera vez desde que  tengo memoria que en el país  se aprueba un ley que pone al mismo nivel a todos los habitantes (por lo menos en el aspecto sexual, ya que en el aspecto de igualdad de condiciones dignas de vivienda, salud, trabajo, educación, etc, las desigualdades siguen). Era hora que dejemos de lado a la religión y nos demos cuenta que estamos en el siglo XXI, que no podemos seguir haciendo las cosas como en el siglo XV, la homosexualidad no es una enfermedad, los homosexuales son personas, y tienen los mismos derechos que todos, tienen derecho a formar una familia. Dicho sea de paso,  ¿de donde sacaron el derecho de los niños a tener “una mamá y un papá”? Los niños tienen derecho a ser cuidados, a ser educados, a crecer en un ambiente saludable. Además, como dijo pepe Cibrian, los chicos que van a adoptar los homosexuales, ya tuvieron un padre y una madre, que los abandonaron, ¿por qué no darle la opción a que ahora sean amados por una pareja “distinta”?

Casamiento homosexual y adopción

Hoy en la facultad tuvimos un debate muy interesante sobre estos temas con unos amigos (como verán me encanta debatir con todo el mundo sobre todo). Estuvo muy interesante y me gustó ver argumentos no religiosos sobre estar en contra de la adopción.

La cosa empezó cuando nos pusimos a hablar del proyecto que se trató en diputados la semana pasada,  todos estábamos  de acuerdo con que los parejas homosexuales deberían poder casarse ya que ésto les permite tener muchos mas beneficios como pareja que la unión civil. Pero no todos estuvimos de acuerdo en la parte de la adopción. Y acá es donde se ponen buenos los debates, si todos estamos del mismo lado no podemos discutir nada, mientras que los que defendíamos el 100% de igualdad de derechos entre parejas homosexuales y heterosexuales por diversos motivos, el principal motivo de los argumentos en contra, era que en éste derecho se ve implicado un tercero (el menor a adoptar).

Justo cuando terminó la discusión (porque teníamos que entrar a la cursada) me acordé de un post en Proyecto Sandía que hablaba de éste tema (Link), pero al releerlo me dí cuenta que uno de los contra argumentos para la adopción no estaban discutidos, así que decidí expresar mi opinión personal.

El argumento era que cuando el chico adoptado creciera y fuese al jardín/escuela y los compañeros se enteraran que tenía dos papás o dos mamás iba a ser objeto de burlas e iba a sufrir mucho, lo que lo iba a perjudicar mucho en su vida cotidiana.

Después me puse a pensar un poco en cómo contra argumentar este contra argumento (?) y se me ocurrió proponer posibles situaciones, algo que aprendí de leer los libros de Paenza, Matemática ¿estás ahí? los cuales recomiendo.

La situación ya está planteada; un chico adoptado por una pareja homosexual va a la escuela y los compañeros ven que  tiene dos padres del mismo sexo. Se me ocurre comparar ésto con casos bastante comunes de nenes que vuelven de la escuela a contarle a sus padres que los papás de su amiguito están separados. Los comparo porque supongo que un chico de 5, 6 años que no conoce la existencia de parejas homosexuales haría lo mismo, le contaría a sus padres. Entonces acá es donde empiezan los casos posibles:

Situación 1: Los padres del amiguito son de mente abierta y aceptan las parejas homosexuales

Situación 2: Los padres del amiguito no aceptan las parejas homosexuales

Analicemos qué pasaría en cada situación.

Situación 1:

El amiguito va a volver a la escuela y va a seguir tratando al chico adptado como si fuera uno más, que es precisamente lo que es.

Situación 2:

El amiguito va a volver a la escuela y va a tratar al chico adoptado como un bicho raro, probablemente (que es lo peor que puede pasar) algún día use en una pelea el hecho de que los padres son homosexuales (le dirá “y tus viejos son putos” o parecido).

Entonces el peor caso que podemos tener es que el chico termine siendo un chivo expiatorio, algo que ocurre con normalidad en todas las escuelas con diferentes cosas (lo que no está bien, y lo dice alguien que ha sido chivo expiatorio). De todos modos, el chico va a estar en un ambiente en el que cuando vuelva a su casa y cuente lo que le dijo su “amiguito”, los padres (o madres) le van a decir “no le des bola, si no nos molesta a nosotros, por que te va a molestar a vos”.

Personalmente sufrí varios casos de discriminación durante la primaria y la secundaria (como les decía más arriba) y no creo que eso me haya dejado muchos problemas (al fin y al cabo, el que esté 100% sano de mente que tire la primera piedra (?) ). Yo creo que todo problema que puedan a llegar a tener los chicos adoptados por parejas homosexuales tiene que ver con la cultura en la que vivimos y la forma en la que nos lavan el cerebro desde que nacemos (lavan el cerebro en todas las formas, la cuturización conlleva un lavado de cerebro, una inserción de costumbres sin opción de decir que no).

A partir de ésto último surgió un segundo debate, ¿es necesario hacer la ley para que con ésto se cambie la cultura, o hay que esperar a la cultura para luego cambiar la ley?

Exponiendo nuevamente mi opinión, creo que hay dos tipos de posturas en contra; los que tienen argumentos refutables y que admiten que en algún momento pueden cambiar las cosas y los que tienen argumentos no refutables, como los que se basan en lo que dicta Dios o la biología (como si en las demás especies no hubiese actos homosexuales).  Supongamos que actualmente hay un número N de personas con argumentos refutables y que cada 5 años, ese N baja un tercio. Entonces podríamos esperar 5 años para que los que están en contra disminuyan un poco y la discriminación que van a sufrir los chicos adoptados va a bajar. Pero todavía quedan 2/3 de N que están en contra (más los que tienen argumentos no refutables), por lo que nos van a pedir esperar 5 años más, luego de los cuales vamos a tener 4/9 N (casi la mitad de los originales), más los que tienen argumentos no refutables. Para ésto ya vamos 10 años sin cambiar la ley y donde la solo menos de la mitad de los que estaban en contra, ahora están a favor.

En el caso de aplicar primero la ley y esperar que así se cambie la cultura, estaríamos casi obligado a la gente a cambiar, lo que no está muy bien, pero creo que actualmente, ante un caso así, es lo mejor que tenemos, si a alguien se le ocurre algo, es libre de hacerlo.

¿Y ustedes que opinan?